La obra de Nadîn Ospina

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Eduardo Serrano. 1990. Del catalogo de la exposición: Los críticos y el arte de los 90s

LA OBRA DE NADÍN OSPINA

Aunque tiende a pensarse lo contrario, no existen relaciones entre la crítica de arte y el vaticinio del futuro. La primera se basa en realizaciones concretas, e ideas presentadas visualmente y evaluadas e interpretadas por estudiosos y diletantes, mientras que el segundo es producto de ilusiones, sueños y auspicios que son la especialidad de nigromantes y vates. Además, la creatividad es por definición impredecible. Pero hay valores en la producción de algunos artistas jóvenes que permiten cierta seguridad en su permanencia. Trabajos como los de Luis Luna, Consuelo Gómez, Carlos E. Serrano, Maria Fernanda Cardoso, Luis Stand y Nadín Ospina, los cuales, habiendo cado buena prueba de sensibilidad y talento, incitan al crítico a pensaren un desarrollo de conquistas y sorpresas, y por ende, a penetrar un poco en el resbaladizo terreno de los augurios.
La obra de Nadín Ospina, por ejemplo, ha constituido una ruptura, un cambio, una apertura a nuevas áreas tanto para la pintura como para la escultura colombiana. Corno pintura no solo ha abandonado el bastidor y los formatos tradicionales, sino que ha acogido un soporte tridimensional y que representa figuras reconocibles. Lejos de limitarse a los objetos manufacturados, sin embargo, Ospina construye sus figuras otorgándoles el tamaño, textura y características precisas para que actúen corno fundamento del color y corno apreciaciones personales. Algunas de sus obras son monocromas, pero la mayoría están cubiertas con numerosas colores chorreados y salpicados sobre un tono base, evidenciando objetivos gestuales y de espontaneidad.
En cuanto a la escultura Ospina ha retornado la figuración abandonada en el país desde mediados de siglo (si no se cuenta la estatuaria y uno que otro experimento interrumpido) para internarse en lo que se podría denominar “un expresionismo sui géneris”. No solo sus colores se a de la realidad y sus figuras aparecen fragmentadas con el ánimo acentuar determinadas reflexiones, sino que sus obras tienen cierto aire de piñata, pesebre o carnaval, conduciendo al espectador a un estado anímico-entre la conciencia y la inocencia, lo trascendental y lo festivo- en el cual operan mas efectivamente sus ideas.
Pero es más. El artista ha abandonado a menudo el concepto de la obra de a corno objeto único e integro, y se ha internado en el campo de las “instalaciones” depositando en la conjunción de varios elementos el sentido de sus piezas. Trabajos corno la serie de tapires negros (de reciente adquisición por el Museo de Perth, Australia) en la cual el humor se alinee con la ecología para producir una instalación entre acusadora y tierna, o corno la manada de ciervos (propuesta pare un parque en Ciudad Salitre, Bogotá) en la cual la historia se aúna con a diversión para producir un monumento que también es un comentario sobre la vida urbana, son dos ejemplos recientes de su inclinación por este tipo de obras.
Se podría argumentar también sobre el interés técnico del trabajo de Ospina quien ha pasado del modelado en “papier mache” al vaciado en poliéster, o se podría teorizar sobre la paradójica dualidad entre su proceso de producción, artesanal, y sus materiales industriales, para justificar su escogencia como uno de los artistas mas destacados de una década que apenas se inicia. Se podría así mismo citar que aparte de confrontar la figura humana sin miras académicas, Ospina ha representado objetos cotidianos al igual que numerosos escultores modernos, y que ha añadido sus tapires, guacamayas y ciervos al gran zoológico que conforma la escultura del siglo XX (de Brancusi, Pevsner y Picasso, a Julio González, los surrealistas y Calder), para demostrar su contemporaneidad o sus conocimientos de a historia del arte.
Pero lo más importante de su obra es que revela una firme voluntad de romper con todo convencionalismo y una actitud abierta independiente y libre, así como con una tendencia a probar y actuar intuitivamente y un gran interés en el misterio y frescura de la naturaleza. Su trabajo también pone de presente cierta conexión subterránea entre el arte de hoy y los símbolos de la prehistoria mítica, y de allí ese efecto entre mágico y simbólico que la caracteriza; efecto que me entusiasme y motiva especialmente como Critico de arte. Si a todo o anterior se añade que su obra se abre siempre en múltiples vías para su interpretación (como comentario, critica, ornamentación, llamado ecológico y señalamiento nacionalista por ejemplo), y si se tiene en cuenta su corta pero densa trayectoria, resulta apenas razonable augurarle a Nadín Ospina un futuro promisorio sin que por ello tenga el crítico que internarse en el inquietante reino de los auríspices y quiromantes.

Eduardo Serrano

 

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